Yacimientos arqueológicos

Necrópolis visigoda Cerro el Rebollar

Yacimiento Arqueológico El Rebollar

Urbanización El Rebollar, El Boalo


Allá por 1960, un vecino de El Boalo, D. Victorio Rozalen, industrial del pueblo y un portugués, D. Felipe Sabaria, estaban efectuando tareas de repoblación de pinos en un lugar conocido como cerro de El Rebollar, en las proximidades de la confluencia del arroyo del Herrero con el río Samburiel, cuando descubrieron una extensa necrópolis y varias tumbas dispersas. Sobre el terreno había grandes losas que al ser levantadas dejaban al descubierto restos óseos, esqueletos humanos y, en algunos casos, también se encontraban ánforas de barro y monedas de cobre.

De los primeros datos obtenidos se puede afirmar que había tumbas cuyas dimensiones estaban entre 2,25 x 0,75m. y 1,80 x 1,00m., y otras más pequeñas, de 1,70 x 0,60m, que podrían ser de tumbas de niños. Cada una de las tumbas constaban de cuatro piedras, cubiertas por una lápida también de piedra que las cubría a cada una de ellas.

En 1.999 se realizaron en la zona excavaciones previas a la construcción de la colonia de chalets El Rebollar que allí se edificó. Se pudo determinar que la necrópolis estaba constituida por unas 100 tumbas, muchas de ellas simples huecos en la tierra rodeados de lajas de piedra, pertenecientes a gente pobre, y otras excavadas en la roca, antropomórficas, de algunas familias ricas, cubiertas con grandes lajas.

Estas tumbas databan del siglo VI o VII y ponían de manifiesto la existencia de un asentamiento de época visigoda en El Boalo, que viene a abonar la idea de que desde tiempos del Calcolítico ha existido en la zona un asentamiento humano, estable y continuado, con poco número de pobladores, dedicados a faenas agrícola-pastoriles, que sobrevivían explotando los recursos del área de confluencia del arroyo Herrero con el río Samburiel, así como las vegas, prados y montes que contornan dicho lugar.

Por lo que podemos decir que los visigodos vivieron en el serrano pueblo de El Boalo hacia el siglo VII de nuestra era, levantaron un poblado, una ermita y desaparecieron. Como ya hemos dicho, de su existencia quedaba un centenar de tumbas a las afueras del casco urbano, que en la actualidad se reduce a un pequeño testimonio de lo que fue, ya que en esa zona se construyó una urbanización y la mayoría de los restos fueron trasladados por Dirección General de Patrimonio. Aunque actualmente no se sabe donde se encuentran.

El informe previo realizado por los arqueólogos Manuel Castro y Lauro Olmo destacaba que en el cerro de El Rebollar se constató la existencia de un centenar de tumbas, todas orientadas en dirección Oeste-Este. Los visigodos enterraban a sus muertos, según los expertos, siempre con la cabeza en dirección al Este, este tipo de enterramientos estaba relacionado con la salida y puesta del Sol, encerraba un simbolismo. Algunas de ellas, las de las familias ricas, contaban con una laja para recubrirlas y las tumbas de la gente pobre eran simples huecos en la tierra. Además, dependiendo de la clase social, el fallecido era enterrado en una caja de madera o recubierto con un simple sudario. Por ello, no era difícil toparse, dentro de las tumbas de algún miembro de una familia potentada, con los clavos de su caja de madera.

Los arqueólogos, del centenar de tumbas, desenterraron una decena, sólo en una de ellas descubrieron restos humanos. Los cambios bruscos de temperatura que se viven en la sierra de Madrid y la abundante pluviosidad, hizo que los huesos desaparecieran en la mayoría de los casos. Tampoco se encontró ningún ajuar funerario en las tumbas, pero hay que tener en cuenta que al ser un yacimiento conocido desde antiguo, muchas tumbas fueron expoliadas durante décadas por los buscadores de antigüedades. Hay testimonios de gente del pueblo que asegura que hubo saqueadores que se hicieron pasar por arqueólogos oficiales para abrir la necrópolis. Se puede hablar del expolio del 70% de las tumbas.

De la parcela excavada los arqueólogos consideraron más valioso, desde el punto de vista histórico, la zona que guardaba los restos de la ermita y las tumbas en mejores condiciones, que quedaron como reserva arqueológica para futuras excavaciones. El resto de las tierras quedaron liberadas y se construyó la urbanización “El Rebollar” que podemos ver actualmente.

Se han encontrado también tumbas antropomórficas excavadas en la piedra en otros lugares de El Boalo. En este sentido, se citan hallazgos de tumbas de esas mismas características en la calle de El Vallejuelo y en el prado “Cercas Viejas”.