El ecosistema. Fauna, flora y paisajes

La Dehesa

La Dehesa es el elemento más representativo de nuestro paisaje. Se caracteriza por un pastizal salpicado de árboles, especialmente encinas, aunque en nuestro municipio la figura más representativa es el fresno, con su peculiar figura de cabeza de gato debido a los tradicionales desmoches de sus ramas, que se utilizaban como alimento para el ganado. Como árboles acompañantes podemos encontrar roble melojo, enebros, alcornoques e incluso algún arce de Montpellier.

fresno

arce de montpellier


Todos ellos proporcionan sombra en verano y protegen del viento en invierno, suavizando el clima y beneficiando a los prados. Además sirven de refugio y aportan alimento a la fauna salvaje, favoreciendo la preservación de especies vulnerables y protegidas, como los murciélagos de herradura, el lirón careto, y aves como el mochuelo o el pequeño autillo, junto con urracas, rabilargos, cucos, oropéndolas, o la simpática abubilla, que nos visita todos los veranos.


Junto a los cercados que limitan los prados y formando setos dispersos aparecen los arbustos, entre los que destacan el majuelo, el endrino, la zarza o el rosal silvestre. Estos setos vivos son el refugio ideal de pajarillos como petirrojos, pinzones, verdecillos, ruiseñores, verderones, mosquiteros o aves algo mayores, como los zorzales y también la morada del tímido erizo.

vaca limousina


En la dehesa el ganado se encuentra en régimen extensivo, el pastizal no se siega, sino que lo comen directamente los animales. Las tradicionales ovejas y cerdos, junto con los animales de trabajo, han sido sustituidos por el ganado vacuno, con razas como la avileña y la limusín.


vaca 3

La riqueza que aporta el pastizal es extraordinaria, ya que alberga multitud de plantas vivaces: junto con las gramíneas y los tréboles encontramos margaritas, gamones, cardos, hierba de San Juan, cardillos, viboreras, alfileres de pastor, lirios e incluso pequeñas orquídeas, que dan esplendor a los prados y los llenan de color.


La dehesa es un modelo ancestral de explotación que se reforzó a lo largo de la Edad Media y que perdura como una fuente estable de recursos, como la carne y otros derivados del ganado, la leña y la caza, que requiere muy pocos aportes energéticos consiguiendo una alta productividad y que además contribuye a la preservación de la biodiversidad.


En los prados abiertos, donde aumenta la cantidad de luz solar que llega al suelo, se favorece la proliferación de las plantas herbáceas que componen el pasto, que sirve de alimento al ganado.

alfileres de pastor

planta 2

orquidea salvaje


Desde el seto, a partir del mes de enero, se oye el primer canto del mirlo de la temporada en lo alto de un árbol, más abajo el prip-tip-tip-tirip-tip del petirrojo, al que responde el chochín, cuyo nombre procede de la onomatopeya de su reclamo, mientras un conejo asustado se refugia bajo la zarzamora.

También es un buen lugar para observar a las grandes rapaces que cruzan el cielo campeando en busca de alimento: el águila real, que coloca sus nidos en los cortados rocosos, al igual que el impresionante buitre leonado, que planea aprovechando las corrientes térmicas; milanos, culebreras, ratoneros o halcones.


Urraca

Si la recorremos después de un día lluvioso, podremos observar en el barro seco las huellas de los animales que por allí transitan, por ejemplo los zorros que salen a buscar comida al amanecer o incluso alguna gineta, de hábitos nocturnos.

Visita propuesta

“CIERRO DEL ZORRO”, EN LAS SALEGUILLAS.

  • Altitud: 1.000 m
  • Acceso: Desde la carretera M-617 que une El Boalo con Mataelpino, arranca la Colada del Regazo Mojón, de agradable recorrido, que cruza la dehesa.

Ribera del Río Samburiel

El río Samburiel nace a los pies de La Maliciosa con el nombre de arroyo de Peña Cabrita, y desciende por el valle de La Barranca hasta el embalse de Navacerrada, donde se le asciende de categoría, pasando a llamarse río Navacerrada. Con este nombre cruza el término de Becerril de la Sierra, pero al llegar a Cerceda su denominación vuelve a cambiar por la de río Samburiel o San Muriel y así se mantiene hasta que vierte en el embalse de Santillana, como afluente del Manzanares.

Su caudal sufre importantes variaciones a lo largo del año, de forma que baja impetuoso a finales de invierno y en primavera, pero apenas lleva agua en verano. Sin embargo, la vegetación de sus riberas constituye un soto permanente donde encuentran refugio y comida multitud de animales.

En el término de Cerceda, junto al Puente de Madrid y con acceso directo desde la M-607, existe una zona acondicionada, con mesas y bancos, donde disfrutar de este maravilloso entorno bajo la sombra de los chopos y conocer la flora y fauna características del entorno.

carbonero


Además de los chopos, abundan en las zonas más abiertas los fresnos, y los olmos, , donde es fácil ver a los pequeños carboneros, buscando insectos y larvas entre las grietas de los troncos. En los taludes arenosos anidan en verano los preciosos abejarucos, formando colonias de cría.


abejarruco

En la orilla, más próximos al agua, proliferan los sauces, que aquí reciben el nombre de “bardagueras”, reconocibles por sus hojas grisáceas, y los más escasos saúcos, con sus bayas negras, muy tóxicas para los humanos aunque no para las aves. También encontramos algún endrino, conocido como “espino negro”, en contraposición al “espino blanco” o majuelo que prolifera junto a las vallas de piedra.


También las herbáceas tienen su protagonismo: juncos, menta y mentastro (conocida como menta de burro), con sus hojitas aterciopeladas, o las corujas o berros, que los lugareños recogen tradicionalmente para su consumo como verdura en primavera.


Entre la fauna del río destacan los anfibios, como el sapo partero, especie característica por ser el macho quien cuida de los huevos hasta que eclosionan, llevándolos entre sus patas traseras. También es posible ver reptiles, como la culebra de agua, completamente inofensiva y muy asustadiza. Actualmente está en fase inicial un proyecto de reintroducción de las dos especies de galápago antaño frecuentes en la zona y prácticamente desaparecidas en nuestros días por la presión y las capturas descontroladas a las que han sido sometidos: el galápago común, reconocible por las manchitas amarillas en cabeza y cuello, y el galápago leproso, que recibe el nombre por el aspecto de su caparazón.

Y para los amantes de los “bichos”, a finales de primavera aparecen las libélulas y los caballitos del diablo, de vivos colores, volando sobre la lámina de agua del río en el que descansan los zapateros, posados sin hundirse sobre la superficie.

Cordal de los Porrones

El Granito siempre ha estado presente en la historia y desarrollo local: la cantería constituyó uno de los principales recursos económicos debido a la calidad de este material, si bien en la actualidad muchas canteras han quedado abandonadas. El Granito es una roca de origen plutónico y consistencia dura, formada por cuarzo,  feldespato y mica, que con la acción de la lluvia, el viento, el hielo y el sol ha ido adquiriendo caprichosas formas que retan la imaginación del visitante.

Hay una serie de enclaves donde el elemento paisajístico dominante lo constituye la roca desnuda, no siendo por ello inertes o carentes de vida, sino que albergan una comunidad específica de animales y plantas. Son los llamados canchales y berrocales granilíticos, que en nuestro término municipal están magníficamente representados por la Sierra de los Porrones.

Visita propuesta

Te invitamos a realizar una marcha muy gratificante, por una zona muy poco conocida de la magnífica Sierra de los Porrones, con unas espectaculares vistas y que además cuenta con el único tramo ferrata de toda la sierra y alrededores. Una vía ferrata es un itinerario tanto vertical como horizontal equipado con diverso material: clavos, grapas, presas, pasamanos, cadenas, etc., que permiten llegar con seguridad a zonas de difícil acceso para senderistas o no habituados a la escalada.

La ruta cuenta además con una sorpresa inesperada: pequeñas esculturas, plenamente integradas en el paisaje, que representan a uno de los protagonistas más destacados de la fauna, la cabrá montés.

La conocida como Senda de las Cabras es un recorrido que permite conocer un paisaje diferente, con un entorno peculiar.

cabra-montes

senda-de-las-cabras

El itinerario comienza en la Ermita de San Isidro, en El Boalo, donde arranca la senda que sube hacia la Peña del Águila. Nos encontramos en un espacio abierto de media montaña en el que predominan las gramíneas y donde aparecen arbustos de jara pringosa y matas de cantueso y otras especies aromáticas adaptadas a las duras condiciones de clima y altitud.


Desde la Peña del Águila bordeamos por el norte la Torreta de los Porrones y nos dirigimos al Collado de Valdehalcones. Entre el laberinto de rocas y grietas se refugian algunas especies de plantas muy características, entre las que destacan gran variedad de helechos, como los culantrillos (Asplenium sp.), y plantitas de hojas carnosas capaces de acumular reservas de agua como el Ombligo de Venus (Umbilicus rupestris).


En cuanto a la fauna, es fácil ver a la lagartija ronquera (Podarcis muralis) tomando el sol sobre los canchales pero siempre pendiente de los ataques del cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), que planea buscando alimento.


Continuamos la ruta hacia Peña Blanca y el Risco de Vaqueros Sur. La vegetación de montaña se caracteriza por formas achaparradas, pegadas al suelo para protegerse del frío y el viento en invierno y de la desecación en verano. Encontramos gayubas (Arctostaphylos uva-ursi) también conocidas como “uva de oso”, reconocibles por sus frutos rojos y sus hojitas carnosas, brezos y enebros rastreros, que proporcionan cobijo a multitud de insectos y otros pequeños animales.



Hemos llegado al punto más alto de nuestra ruta. Nos encontramos en la zona de los “canchales”, acumulaciones de rocas peladas sobre las que destacan los líquenes, simbiosis natural de alga y hongo que constituyen un bioindicador de la calidad del aire.


El paisaje que podemos divisar desde este punto compensa con creces el esfuerzo realizado para llegar e invita a hacer una parada y admirarlo mientras reponemos fuerzas con el bocata y nos sobrevuela algún buitre leonado de los que por aquí anidan.

buho-real


Empezamos el descenso, de vuelta hacia El Boalo por el PR-16 (itinerario de pequeño recorrido), mucho más rápido y más cómodo, atravesando la zona de pinar, donde se refugian rapaces como el búho real (Bubo bubo) y pequeños mamíferos como las musarañas.


musaranas

Como siempre, las bajadas son muy duras para las rodillas y los tobillos, que sufren con el descenso, por lo que se recomienda un buen calzado que sujete bien y un bastón de apoyo. No olvidar una crema con protección solar alta, ya que en las zonas de mayor altura estamos más expuestos a los rayos UV, y ropa aislante y de abrigo, incluso en verano, ya que en la montaña las condiciones cambian muy deprisa.


Como siempre, hay que respetar la flora y fauna, no cortar plantas ni flores, dejar las piedras en su sitio, disfrutar del silencio y recoger todos nuestros residuos, de manera que a nuestro paso todo quede como estaba.